
Hay pequeños momentos en nuestra memoria que nos conducen hacia nuestro centro de calma interior. Si estamos abiertos al mundo podemos atesorar trocitos de placer silencioso al que recurrir cuando más lo necesitamos.
El olor a jabón de marsella en las sábanas de mi abuela tendidas al sol. El sonido del río bailando sobre las piedras después de un día de baño y de juego con mis hermanos. El instante mágico en el que las notas de una canción te transportan a un cielo que no sabías que existía. La consciencia de paz tomando el sol en una playa de arena fina del Mediterraneo...
Son momentos como diamantes preciosos, de belleza asombrosa, que brillan como estrellas en una noche de verano apacible en nuestro corazón.
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Es verdad uno guarda tantos tesoros en el alma,tantos recuerdos sabor a caramelo ,somos tan ricos aunque a veces lo ignoramos! hermoso lo que has escrito,es mi deseo que a lo largo de tu vida acumules infinidad de diamantes,que sean los más preciosos del mundo querida Susi!
Gracias Isol!! Vale más acumular recuerdos buenos que agravios y penas!! verdad? Un abrazo muy fuerte!!
Son esos recuerdos que nos permiten conciliar un sueño en paz.
Un abrazo desde MG
Tienes razón, hay que pararse a admirar los brillantes que conservamos en lo hondo del alma.
Nos hacen seguir adelante en busca de más de estos momentos brillantes.
Un beso
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