Blog sobre reflexiones cotidianas dedicado a todas las personas con ganas de seguir aprendiendo
dijous, febrer 09, 2012
Inicio repentino
El primer recuerdo de Maria era el de una escuela en su pueblo natal. Tenía 6 años y se recuerda muy grande para hacer lo que hizo: se puso a llorar y a patalear para que su abuela no la dejara allí. Tras varios intentos de apelar a la razón la maestra la cogió en volandas y la llevó al interior del aula, con los otros niños de su edad que también empezaban la escuela aquel día. No miró a a nadie a la cara, no quiso escuchar lo que le decían, no levantó la vista del suelo en toda la mañana. Su amargura era tan desmesurada que no lograba articular una palabra sin sucumbir a un llanto inconsolable. Era una niña buena, dulce, responsable, amable, cariñosa y respetuosa con los adultos, pero no pudo reprimir sus impulsos vitales cuando se dió cuenta de que la decisión de su abuela de dejarla en la escuela era inapelable. Atrás quedaron aquellas mañanas de invierno entre las sábanas blancas de la cama de sus abuelos, los desayunos tranquilos en la mesa de la cocina, las radionovelas, el baul de los recuerdos del cuarto de los trastos, de dónde salían ropas de otros tiempos y cortinas que ella convertía en disfraces, las tortitas de masa de pan, las cabañas de trapo que construía entre los barrotes de las sillas del comedor, los juegos del escondite detrás de la vieja estufa de leña, las confesiones de los adultos con medias palabras para que no se enteraran los niños. Allí quedaba toda su seguridad y su mundo. Y ella, abandonada al desconsuelo profundo, dejó allí todas las ilusiones perdidas pensando en la manera de alargar su infancia hasta la eternidad.
Subscriure's a:
Comentaris del missatge (Atom)

4 Deixa el teu comentari:
Entiendo a María, Susi.
Un petó.
Sabes Susi? Me has traído a la memoria algo que aun hoy en día de vez en cuando aun siento si lo pienso demasiado. Mi llorar desconsolado siguiendo la silueta de mi mamá mientras ella salía de la escuela infantil y yo me quedaba dentro... había unas cristaleras opacas, pero, no me impedían seguirla por toda la pared hasta el final... qué mal lo pasaba.
Creo que hay recuerdos que además se nos quedan grabados con la sensación que nos producían.
Besitos!!! que tengas un lindo fin de semana!!
Me da pena que María se quede tan triste en el colegio.
Tengo en mi mente mi primer día de clase, es curioso pues nunca lo he olvidado. Entré en colegio sin más, sin ningún problema y enseguida me hice amiga de la monjita: Sor Felicitas.
No era una monja seria, ni antipática, ni daba miedo...
Gracias a ella y quizá mi carácter abierto y alegre influyó a que fuera feliz ese día.
Otra cosa, Susi, me cuesta mucho entrar en el blog de Josep, es más no puedo, se me bloquea. Puedes tú entrar fácilmente?
Gràcies i bon cap de setmana.
Mariaisabel
BON CAP DE SETMANA!! PETONETS!!
Publica un comentari